"La Evolución Interior"
Por

Luz Marina Domínguez

 

Junio de 2005, Colombia.

 

 

La vida es el regalo mas grande del universo.
Los caminos, fases de nuestro aprendizaje
y evoluciòn interior.

Luz Marina

Nací el  15 de julio de 1962, cuarta de cinco hijos, todos sanos. Inquieta desde mi nacimiento, caminé antes de lo normal, con esas ansias de explorar el mundo a mi alrededor.

A mis 18 meses, fui afectada por la poliomielitis. Una fiebre alta, dificultades para caminar, respirar, y otros síntomas, hicieron inminente estar en cuarentena, hasta que pasara la fase inicial.

La ignorancia de aquella época hizo que el medio me viera con cierta peligrosidad, como si pudiera infectar con sólo estar cerca. La polio dejó secuelas en mi pierna derecha, desde la pelvis, por lo que tuve que usar aparatos ortopédicos, muletas, y aún así caminaba con mucha dificultad, sólo unos cuantos pasos.

Tuve visitas al hospital durante 7 años, todos los días. Allí me realizaban ejercicios, inmersión en agua caliente, y todo lo que creían podría hacer que la situación cambiara.  A mis 8 años tuve mi primera intervención, en mi pierna izquierda, para evitar el crecimiento.  Luego vinieron más... Un injerto del músculo en mi pierna, para lo cual tuvieron que realizar una larga incisión, luego arreglar la rodilla, intentar un estiramiento de hueso con pesas durante cuatro meses, arreglar el  pié, porque sólo apoyaba el talón, alargamiento aplicando el método “Alvarez Cambrash”, fracturando la tibia, y con 8 pines, lograr emparejar las piernas, luego de 8 meses con el aparato, y otros 2 de recuperación. Injerto de cadera para realizar cirugía en el pié, artroscopia en rodilla izquierda, donde diagnosticaron desgaste de cartílago.  Desbloqueo de túnel carpiano en mano derecha, y un total de 23 intervenciones desde entonces, hasta hoy, en mis 43 años.

Estudié, pese a las dificultades para ser admitida en un colegio, ya que las religiosas manifestaron que mi enfermedad era “una forma visible de castigo de Dios”. Luego de mucho buscar, al fin fui educada en un colegio de monjas españolas, donde logré mantenerme becada durante la primaria y la secundaria.

Estudié Psicología Clínica, y luego me especialicé en Mercadeo Gerencial. Mi vida profesional fue en ascenso. Me casé, me divorcié y no tuve hijos. Dictaba conferencias a nivel nacional e internacional, y tenía energía de sobra para estudiar música, guitarra, escribir, ayudar en ancianatos y horfanatos, nadar, viajar...

Hace dos años tuve una crisis que no entendí. Inicialmente sentí mucho cansancio, y estuve en cama durante una semana.  Mientras más descansaba, más quería dormir. Pero luego vino una época de apnea; no dormía con profundidad, sentía mucho dolor en mis músculos, debilidad que inicialmente traducía en pereza... Me costaba ir de mi habitación a la cocina, así que aprovechaba mis movimientos para hacer varias cosas a la vez.

Estuve en diferentes revisiones, con reumatólogo, ortopedista, neurólogo, psiquiatra, fisiatra, nutricionista, anestesiólogo..., con tratamientos simultáneos que acumularon la módica suma de 29 pastillas diarias, entre ellas, el neurontín, medicamento formulado a pacientes con enfermedad terminal... no terminando conmigo, pero si con mi trabajo.

Ahora mi vida ha cambiado sustancialmente. No trabajo la consultoría empresarial como antes. En cambio dicto clases en varias universidades. Me canso con facilidad, siento dolores musculares que me impiden realizar algunos movimientos, tengo tendinitis en mi rodilla izquierda y me han prescrito injerto de articulación, la cual no podré realizar por ahora.  Estoy en tratamiento fisiátrico, y haciendo ajustes para manejar las muletas y la silla de ruedas de manera apropiada.  Tengo una dieta balanceada y con seguimiento de nutricionista, y sólo tomo glucosamine con chondroitin, y un complemento vitamínico para mujeres. 

Me atemoriza pensar en un futuro con más limitaciones, y no poder atenderme a mí misma.  Aunque he estado en aprietos, no me permito desfallecer, sería lamentable en mi caso. He aprendido a descansar cuando puedo, y a pedir favores. He aprendido a conocer mi enfermedad, y enseñarle a quienes me rodean acerca de cómo ayudarme en su momento.  He apreciado mucho a los ángeles que han aparecido en este momento de mi vida, a través de este grupo. Es como perder ciertas cosas y recibir otras a cambio.

Definitivamente la polio llegó a mi vida, aunque en momentos creía que era invisible a mí misma, y me forjó con la entereza, la valentía, el optimismo y el amor a la vida que comparto en cada cosa que realizo. 

Soy Luz  Marina, de Medellín-Colombia, una mujer esculpida, y en pleno aprendizaje

Con cariño

Luz

Edición por Sergio Augusto Vistrain.

Fecha de publicación: 10 de junio de 2005.

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