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Luz
Marina Nací
el 15 de julio de 1962, cuarta de cinco hijos, todos sanos. Inquieta
desde mi nacimiento, caminé antes de lo normal, con esas ansias de
explorar el mundo a mi alrededor. A
mis 18 meses, fui afectada por la poliomielitis. Una fiebre alta,
dificultades para caminar, respirar, y otros síntomas, hicieron inminente
estar en cuarentena, hasta que pasara la fase
inicial. La
ignorancia de aquella época hizo que el medio me viera con cierta
peligrosidad, como si pudiera infectar con sólo estar cerca. La polio dejó
secuelas en mi pierna derecha, desde la pelvis, por lo que tuve que usar
aparatos ortopédicos, muletas, y aún así caminaba con mucha dificultad,
sólo unos cuantos pasos. Tuve
visitas al hospital durante 7 años, todos los días. Allí me realizaban
ejercicios, inmersión en agua caliente, y todo lo que creían podría hacer
que la situación cambiara. A mis 8 años tuve mi primera
intervención, en mi pierna izquierda, para evitar el crecimiento.
Luego vinieron más... Un injerto del músculo en mi pierna, para lo cual
tuvieron que realizar una larga incisión, luego arreglar la rodilla,
intentar un estiramiento de hueso con pesas durante cuatro meses, arreglar
el pié, porque sólo apoyaba el talón, alargamiento aplicando el
método “Alvarez Cambrash”, fracturando la tibia, y con 8 pines, lograr
emparejar las piernas, luego de 8 meses con el aparato, y otros 2 de
recuperación. Injerto de cadera para realizar cirugía en el pié,
artroscopia en rodilla izquierda, donde diagnosticaron desgaste de
cartílago. Desbloqueo de túnel carpiano en mano derecha, y un total
de 23 intervenciones desde entonces, hasta hoy, en mis 43
años. Estudié,
pese a las dificultades para ser admitida en un colegio, ya que las
religiosas manifestaron que mi enfermedad era “una forma visible de
castigo de Dios”. Luego de mucho buscar, al fin fui educada en un
colegio de monjas españolas, donde logré mantenerme becada durante la
primaria y la secundaria. Estudié
Psicología Clínica, y luego me especialicé en Mercadeo Gerencial. Mi
vida profesional fue en ascenso. Me casé, me divorcié y no tuve
hijos. Dictaba conferencias a nivel nacional e internacional, y tenía
energía de sobra para estudiar música, guitarra, escribir, ayudar en
ancianatos y horfanatos, nadar, viajar... Hace
dos años tuve una crisis que no entendí. Inicialmente sentí mucho
cansancio, y estuve en cama durante una semana. Mientras más
descansaba, más quería dormir. Pero luego vino una época de apnea; no
dormía con profundidad, sentía mucho dolor en mis músculos, debilidad que
inicialmente traducía en pereza... Me costaba ir de mi habitación a la
cocina, así que aprovechaba mis movimientos para hacer varias cosas a la
vez. Estuve
en diferentes revisiones, con reumatólogo, ortopedista, neurólogo,
psiquiatra, fisiatra, nutricionista, anestesiólogo..., con tratamientos
simultáneos que acumularon la módica suma de 29 pastillas diarias, entre
ellas, el neurontín, medicamento formulado a pacientes con enfermedad
terminal... no terminando conmigo, pero si con mi
trabajo. Ahora
mi vida ha cambiado sustancialmente. No trabajo la consultoría
empresarial como antes. En cambio dicto clases en varias
universidades. Me canso con facilidad, siento dolores musculares que
me impiden realizar algunos movimientos, tengo tendinitis en mi rodilla
izquierda y me han prescrito injerto de articulación, la cual no podré
realizar por ahora. Estoy en tratamiento fisiátrico, y haciendo
ajustes para manejar las muletas y la silla de ruedas de manera
apropiada. Tengo una dieta balanceada y con seguimiento de
nutricionista, y sólo tomo glucosamine con chondroitin, y un complemento
vitamínico para mujeres. Me
atemoriza pensar en un futuro con más limitaciones, y no poder atenderme a
mí misma. Aunque he estado en aprietos, no me permito desfallecer,
sería lamentable en mi caso. He aprendido a descansar cuando puedo, y a
pedir favores. He aprendido a conocer mi enfermedad, y enseñarle a quienes
me rodean acerca de cómo ayudarme en su momento. He apreciado mucho
a los ángeles que han aparecido en este momento de mi vida, a través de
este grupo. Es como perder ciertas cosas y recibir otras a
cambio. Definitivamente
la polio llegó a mi vida, aunque en momentos creía que era invisible a mí
misma, y me forjó con la entereza, la valentía, el optimismo y el amor a
la vida que comparto en cada cosa que realizo.
Soy
Luz Marina, de Medellín-Colombia, una mujer esculpida, y en pleno
aprendizaje Con
cariño Luz |
Edición por Sergio Augusto Vistrain.
Fecha de publicación: 10 de junio de 2005.
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La organización El Síndrome Post-Polio
Testimonios
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