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Citocinas mediadoras de la
inflamación y Síndrome Post-Polio
Por
&
Ldo en Ciencias Químicas, Dr en
Farmacia. Jefe del Servicio de Microbiología Diagnóstica.
Centro
Nacional de Microbiología, Instituto de Salud Carlos
III.
Majadahonda, Madrid.

Introducción
Las citocinas son una familia
de moléculas cuya función más conocida consiste en regular el
funcionamiento del sistema inmunológico, poniendo en comunicación a los
diferentes tipos de células que forman parte de él. Se trata, pues, de un
conjunto de mensajeros que portan y entregan los mensajes que dirigen la
actuación de esas células, al objeto de que sea eficaz y, a la par, segura
para el organismo. Una actuación mal controlada de las células que
conforman el sistema inmunológico puede ocasionar graves trastornos e,
incluso, producir la muerte, lo que nos dice mucho sobre el papel crucial
que juegan las citocinas en el organismo.
La inflamación es un fenómeno que se
produce siempre que el sistema inmunológico se activa para combatir algún
problema de su competencia, como puede ser una infección. Se produce como
consecuencia de la actuación de ciertas citocinas y tiene por objeto
reclutar la presencia, allí donde se las necesita, de las células del
sistema inmunológico que habrán de combatir ese problema, regulando su
actuación posterior. Una vez resuelto el problema, la liberación de esas
citocinas cesa y comienza la producción y liberación de otras que se
encargarán de poner fin a la respuesta, desactivando las células efectoras
y evitando que su actuación prolongada cause daños innecesarios en el
tejido afectado. Cuando ese proceso de desactivación de la respuesta
inmunológica no se lleva a cabo correcta y completamente pueden aparecer
enfermedades que derivan de la agresión del sistema inmunológico contra el
tejido sano, ya libre del problema que originó la respuesta. Este mal
funcionamiento contribuye a desencadenar el fenómeno que conocemos como
autoinmunidad, un problema que es la base de un variado conjunto de
trastornos que se denominan, genéricamente, enfermedades
autoinmunes, y que pueden afectar a diferentes órganos y tejidos.
Aún cuando es todavía mucho lo que
ignoramos sobre esta clase de trastornos, podemos decir que ciertas
enfermedades neurológicas crónicas, algunas tan conocidas como la
esclerosis múltiple (EM) o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), son,
muy probablemente, enfermedades autoinmunes que afectan al sistema
nervioso. En este tipo de enfermedades es típico observar que los niveles
de determinadas citocinas se hallan anormalmente elevados; y, lo que es
aún más significativo, que en el tejido afectado existen células que
producen y liberan esas citocinas de forma continuada, cuando no deberían
hacerlo. Con cierta frecuencia, como ocurre en la EM, se encuentran,
también, evidencias que sugieren que fue una infección la que desencadenó
la respuesta inmunológica que, por no ser bien regulada, originó el
problema de autoinmunidad, sin que ello quiera decir que el agente
infeccioso esté directamente involucrado en la enfermedad crónica que
siguió. ¿Es el Síndrome Post-Polio
una enfermedad autoinmune? Como todos sabemos ya, el
Síndrome Post-Polio (SPP) tiene su origen en una denervación progresiva de
fibras musculares que es consecuencia de la incapacidad de las neuronas
motoras residuales, supervivientes del episodio agudo de poliomielitis
paralítica, para continuar regenerando unas dendritas demasiado numerosas,
que nunca alcanzan una madurez completa y que sobreviven durante un tiempo
relativamente corto. Cuando se trata de explicar en detalle en qué
consiste ese fenómeno, tan solo encontramos, sin embargo, una vaga
referencia a un supuesto “estrés fisiológico de la neurona motora” que
nadie es capaz de concretarnos más. En buena medida, es esta vaguedad en
la descripción del mecanismo de denervación de nuestras fibras musculares
la responsable de que el SPP continúe siendo, más de veinte años después
de su descripción, una entidad clínica polémica.
Pero además, el SPP es algo mucho más
complejo que un mero trastorno motor. Otros síntomas clínicos como la
fatiga generalizada, el dolor, el insomnio, las dificultades para la
concentración en la actividad intelectual o la depresión, están presentes
en muchos pacientes con SPP y llegan a ser tan importantes para ellos como
la pérdida de potencia muscular, sin que ninguno pueda explicarse mediante
la hipótesis anterior. Estamos, pues, ante un modelo fisiopatogénico que
no define completamente todos sus elementos y que, además, no da
explicación para todas las observaciones, por lo que dista mucho de ser un
modelo completo.
Desde muy pronto, los neurólogos han
observado ciertas semejanzas entre algunos aspectos clínicos y
neurofisiológicos del SPP y otros presentes en ciertas enfermedades
neurológicas en las que se han apreciado componentes de autoinmunidad,
como es el caso de la EM o la ELA. Así, se ha especulado con un posible
componente autoinmune en el SPP hasta el punto de haberse aplicado a
algunos pacientes tratamientos experimentales con compuestos capaces de
incidir sobre la regulación del sistema inmunológico, como son la
prednisona o el interferón alfa [1,2]. Aún cuando pudo apreciarse algún
efecto positivo en dichos tratamientos, nadie aportó datos que explicasen,
o al menos sugiriesen, porqué la administración de esos compuestos
inmunomoduladores inducía mejoría en los síntomas. Sin embargo, en los
últimos tres años un grupo de investigadores del Instituto Carolino de
Estocolmo ha aportado datos objetivos que indican que podría existir, en
efecto, un componente de autoinmunidad en la fisiopatogenia del
SPP.
Los datos a los que nos referimos
consisten en el hallazgo de células del sistema inmunológico, residentes
en el interior de ese compartimento estanco de nuestro organismo que es el
sistema nervioso, que producen y liberan determinadas citocinas
involucradas en la respuesta inflamatoria, principalmente las conocidas
como interleucina 4 (IL-4) y factor alfa de necrosis tumoral (TNF-alfa)
[3]. El hallazgo se produjo al estudiar células presentes en el líquido
cefalorraquídeo (LCR) extraído de 13 pacientes con SPP, y estuvo ausente
en las muestras de LCR tomadas de ocho pacientes a los que se les extrajo
la misma muestra por motivos ajenos a cualquiera que tuviese que ver con
problemas inflamatorios. Además, se observaron los mismos hallazgos en
siete pacientes aquejados de EM que se incluyeron como “controles
positivos”, lo que validó la metodología utilizada para obtener los
resultados. Es interesante resaltar que, a diferencia de lo que sucedió en
los pacientes con EM, la presencia de células liberadoras de IL-4 y
TNF-alfa en los aquejados de SSP sólo se observó en el LCR, no así en la
sangre. Esto quiere decir que la liberación de citocinas mediadoras de la
inflamación en los pacientes con SPP sólo sucede en el ámbito cerrado del
sistema nervioso, en tanto que en la EM se trata, como se conoce bien, de
un fenómeno más amplio. En otras palabras, a diferencia de lo que sucede
en la EM, el posible fenómeno de autoinmunidad asociado al SPP sería un
fenómeno local, restringido al sistema nervioso y ausente en otros
compartimentos del organismo. En un trabajo posterior, estos hallazgos se
confirmaron plenamente en otros 16 pacientes con SPP, ampliándose el
número de citocinas mediadoras de la inflamación detectadas
[4].
El hecho de que exista una producción
permanente de citocinas mediadoras de la inflamación en el interior del
sistema nervioso es, necesariamente, reflejo de algún grado de activación
permanente de la respuesta inmunológica en algún lugar del mismo, lo que
es característico de los trastornos relacionados con la autoinmunidad. Si
los objetivos de las células que esas citocinas estimulen estuviesen
presentes en las dendritas de las neuronas motoras supervivientes,
habríamos encontrado un mecanismo para explicar mejor el fenómeno de la
denervación de las fibras musculares, lo que vendría a respaldar el modelo
fisiopatogénico propuesto para la pérdida progresiva de potencia muscular
en el SPP. Pero, además, sabemos que algunas de las citocinas detectadas,
como es el caso del TNF-alfa, juegan también algún papel en cuestiones
como la regulación del sueño y otras funciones del sistema nervioso que
nada tienen que ver con la función motora, y por eso la hipótesis
autoinmune en el SPP resulta especialmente atractiva. Sin embargo, aún no
existe ninguna información que nos revele detalles sobre los efectos
reales que esas citocinas puedan ejercer en los pacientes aquejados de
SPP, por lo que habrá que aguardar a conocer lo que las investigaciones
que se realicen en el futuro puedan enseñarnos.
Como se decía más arriba, las infecciones
son, con frecuencia, los factores desencadenantes de la autoinmunidad. El
virus del sarampión, el de la rubéola y los alfa-herpesvirus (virus del
herpes simple y virus de la varicela) se han relacionado consistentemente
con la EM. El virus de la parotiditis y ciertos enterovirus (grupo al que
pertenecen los virus de la poliomielitis) podrían estar involucrados en la
diabetes mellitus, una enfermedad que responde a la destrucción de
las células pancreáticas productoras de insulina por causa del sistema
inmunológico. En todos estos casos, los virus correspondientes disparan el
proceso durante la infección aguda, y este continúa después sin necesidad
de que el agente infeccioso esté ya presente. En el caso del SPP, cabe la
posibilidad de que el poliovirus que produjo la parálisis persista en el
sistema nervioso durante años, si bien en un estado en el que sus acciones
son muy limitadas, pero todo indica que esa persistencia no debe ser
frecuente y que los fenómenos de autoinmunidad no dependerían de ella.
Consecuencias prácticas
de los hallazgos
1. Dinsmore ST,
Dambrosia JM, Dalakas MC. "A double blind, placebo-controlled trial of
high-dose prednisone for the treatment of post-poliomyelitis syndrome".
Annals of the New York Academy of Sciences 1995; 753:303-313. 2. Dalakas MC, Aksamit AJ, Madden DL, Sever JL. "Recombinant I2 interferon in a pilot trial of patients with amyotrophic lateral sclerosis". Achives of Neurology 1986; 43:933-935. 3.
Gomzález H, Khademi M, Andersson M, Wallström E, Borg K, Olsson T. "Prior
poliomyelitis-evidence of cytokine production in the central nervous
system". Journal of Neurological Sciences 2002;
205:9-13.
4. González H, Khademi M, Andersson M, Piehl F, Wallström E, Borg K, Olsson T. "Prior poliomyelitis-IvIg treatment reduces proinflammatory cytokine production". Journal of Neuroimmunology 2004; 150:139-144.
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Artículo publicado con permiso de la Dra. Pilar León Rega. Organización Post-Polio México es responsable sólamente de su publicación en este sitio.
Fecha de publicación: 15 de abril de 2005.
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