![]() |
|
|
A la edad de 18 meses sufro el ataque del virus de la polio, de
la cual me recupero casi totalmente quedando con leves secuelas en la
pierna derecha y el brazo derecho, las cuales no me impiden hacer mi vida
prácticamente dentro de una normalidad casi absoluta, excepto que la
pierna derecha me queda un poco más delgada que la izquierda, y una leve
cojera, que apenas se notaba, salvo cuando estaba muy cansada, que sí se
agudizaba y me producían caídas que ocurrían con mucha facilidad, por lo
que casi siempre tuve que evitar correr, saltar o hacer algunas cosas que
cualquier niño de mi edad sí podía hacer. Pero eso nunca evitó que yo
dejara de intentar hacerlas, y casi siempre lo conseguía, aunque con mucho
esfuerzo, lo que creo que muchas de las veces le quitó el sueño a mi madre
y la llenó de preocupación porque, aquello que yo me proponía, tenia que
conseguirlo, o al menos intentarlo, lo que me costó más de una caída, las
cuales, por supuesto, hirieron más mi orgullo que mi cuerpo, aunque éste
tampoco salió siempre bien librado. Pero eso hizo que mi carácter, siempre
“cabezota”, se forjara y aprendiera a fuerza de ponerle mucha paciencia,
fuerza de voluntad y mucho más tesón a todo lo que yo quería conseguir, y
así alcanzar casi todo lo que yo deseaba hacer, cosa que no siempre me
resultó fácil, ni antes, ni ahora. Al ser la mayor de tres hermanos de una familia de clase media,
a la edad de 13 años salgo del pueblo y llego a Madrid, la capital, donde
me pongo a trabajar y continúo estudiando. Así consigo terminar mis
estudios, ya que a consecuencia de mis revisiones, médicas al hospital de
la provincia de Ávila había perdido algunos
cursos. Me caso a la edad de 20 años, y tengo a mis dos hijos entre los
21 y los 24 años y, hasta aquí, todo normal. Nunca tuve problemas con mi
polio. Aprendí a convivir con ella, la acepte y jamás me marginé, ni dejé
que me marginaran por ella. A los 27 años (ahí he fijado la fecha, pero yo creo que empezó
antes, solo que ahí ya fue evidente), empecé a notar cansancio en mi
pierna derecha, la afectada por mi polio, y mucho cansancio general. Yo
vivo a 17 Km de Madrid y decido sacarme el carnet de conducir porque
realmente, moverme con dos niños pequeños en transporte publico se me
empieza a hacer pesadísimo, pero no lo relaciono con nada de mi polio,
sino con el cansancio típico de una mamá con dos niños demasiado pequeños
e inquietos, a los que tiene que llevar en
brazos. Pero, justo el día de mi examen de conducir, se desencadenan
unos calambres en mi pierna afectada por la polio, a los que no les di
importancia, pues yo quería examinarme, así es que aguanté el dolor, me
examiné y saqué mi carnet. Pero, transcurridos varios días, el dolor en la
pierna sigue y veo que mi pierna afectada, y antes más delgada, de pronto
empieza a verse más voluminosa, a la altura del gemelo, como si éste
estuviera hinchado, justo donde me dan los calambres, y el dolor no
desaparece, lo que me hace ir a mi médico, quien sospecha de una rotura de
fibras y hace que me trasladen al traumatólogo de inmediato y de forma
urgente. Cuando confirman que no es ese mi problema, me empiezo a llevar
sorpresas, cada una más desagradable, y empiezo una trayectoria por
distintos especialistas y hospitales, siendo testigo de cómo distintos
diagnósticos son asignados a mi caso y luego desechados, lo cual cada vez
me confunde y me alarma más. El Traumatólogo me remite al Neurólogo, quien me hace un
estudio más completo, incluida una biopsia muscular y, al ver los
resultados, se me queda mirando y me dice que no sabe que es lo que me
pasa. Pero que de que algo estaba pasando, es de lo único que está
seguro”. A estas alturas, y ya había transcurrido un buen tiempo desde que
empecé, y yo ya no sabia que hacer, en este momento estuve a punto de
abandonarlo todo. El Neurólogo me vuelve a remitir al Rehabilitador, pero, cuando
llego al respectivo consultorio, no está el que me vio el primer día, sino
que hay una Dra. nueva. A mí ya me daba igual; yo sólo quería que me
dijeran por qué tenía aquellos calambres, aquel dolor, aquel cansancio
general, etc., etc., y qué me explicaran qué estaba pasando en mi pierna,
que, cada vez que andaba, ya parecía que se me cansaba cada vez, con menos
esfuerzo, y los calambres aparecían una y otra vez, aún durmiendo. Eran
fortísimos y cada vez más frecuentes. La Dra. empezó a hacerme la revisión y, a medida que iba
hablándome, cada vez más se decantaba por que eso tenía que ver con la
polio. Yo me sentí fatal; enfadada en principio, y desconcertada después.
Enfadada porque creí que era la excusa que necesitaban para achacarlo a
algo y quitarse un problema al que no encontraban solución, y
desconcertada porque ella fue la primera que mencionó el SPP y yo
presentaba su cuadro muy claramente. Sin embargo, había que hacer un
estudio más a fondo. Aquí empecé un peregrinar por varios hospitales de Madrid. En
unos no se quisieron hacer cargo de mi caso, por unas u otras
razones, que solamente ellos las sabrán; yo no las sé. En uno de ellos
concretamente, que hoy, por cierto, es uno de los que sí esta tratando con
buenos resultados a varios afectados de SPP, por aquel entonces a mí ni se
dignaron siquiera a mirarme. Al final fui trasladada a un hospital que no
me correspondía por competencia sanitaria, por la zona en la que vivo,
pero el Neurólogo con el que habló la Dra. se interesó en mi caso y me
atendió. Hoy tengo que dar las gracias a esta Dra. Por que, de no haber
sido por su interés, yo posiblemente hoy no sabría lo que me pasa. Ojalá
hubiera más como ella. Durante un tiempo dejó de llevar ella mi caso, por
traslado de hospital y, aun así, estuvo al pendiente de mí. También eso le
tengo que agradecer. Antes de irse, me dejo en las manos que ella
consideró competentes, y se siguió interesando por mí a nivel particular.
Hoy en día vuelve a llevar ella mi caso como mi doctora de zona nuevamente
ya que regresó a mi hospital de referencia, cosa que me alegra
muchísimo. Al día de hoy, después de 20 años desde empecé a notar “síntomas raros”, en los últimos años, y tras dos ingresos en el hospital para hacerme estudios completos, me han repetido dos veces la biopsia muscular. Me han hecho también punciones lumbares, electromiografías, resonancias magnéticas, distintas analíticas, incluyendo la CPK, diversas radiografías, pruebas de conducción nerviosa y, al igual que con las medicaciones, ya no recuerdo que otras pruebas más, a lo largo de este tiempo. En ambas ocasiones, tras estos estudios, se confirma el
diagnostico de SPP, y se descartan otras
patologías. En estos momentos, tras mi última revisión, y aún a la espera
de las pruebas solicitadas (nuevas electromiografías y analíticas), la
pérdida de fuerza es cada vez es mayor y, cosas que antes podía realizar,
ahora no puedo. He perdido masa muscular en mi mano y brazo derecho, en un
grado bastante alto y evidente a simple vista, así como también en mi
pierna izquierda, la que supuestamente no había sido afectada por la
polio, y la que aparece ahora con evidente atrofia. Me canso mucho más al
andar y, cosa que antes y nunca en mi vida había necesitado, hoy tengo que
ayudarme de apoyos, si no paro en cuanto noto el cansancio. Los calambres
en la pierna se desencadenan mucho antes ante el esfuerzo, tengo
contracturas musculares en la espalda, de forma casi continua las
fasciculaciones aparecen en los dos miembros inferiores, en la espalda, en
los brazos y también en la lengua y el cuello. El dolor ya es algo muy
común en mi vida, el cual intento controlar con antiinflamatorios, y
tratamiento especifico para el dolor, ya que todos sabemos que no hay nada
específico que trate el SPP. Se ha intentado tratamiento con varios medicamentos, como
Gabapentina, Tegretol, Amantadine, Modafinil y un largo etcétera
de otros medicamentos que ahora mismo no puedo recordar, de tantos que han
sido, entre los cuales puedo contar las inmunogamaglobulinas, de las
cuales en mi caso se comprobó que no son efectivas como tratamiento para
el SPP. Mantengo revisiones periódicas en el hospital, con mi Neurólogo
y mi Rehabilitador. Antes eran cada año y ahora cada seis
meses. No sé hacia dónde caminamos, ni lo que nos depara el SPP. Sólo
intento adaptarme a los cambios que van viniendo con él, los cuales son
muchos. Algunas veces me asusta, pero intento sobreponerme cuanto antes a
estos, porque no puede vencernos, y tenemos que seguir luchando. Es verdad
que mi carácter me lo permite ya que éste siempre ha sido optimista,
alegre y luchador y, aún ahora en estos momentos lo sigue siendo, pero la
situación del afectado de polio, y más aún de quien tenga la mala fortuna
de volver a sacarse el boleto con el SPP, no es fácil, y es dura, como
para encima tener que justificar ante los demás que efectivamente está
sufriendo un problema, y que algo está volviendo a suceder en su vida, y
que ese algo nos esta discapacitado cada vez más, y que nos tenemos que
volver a adaptar a algo que ya creíamos
superado. A mí sí me reconocen el diagnostico del SPP, y así figura en
mis informes médicos. Pero el tema es ¿Cuál es la solución para el SPP,
como se podría detener, o cómo se nos puede ayudar a sus afectados? ¿Se
esta investigando en torno a esto? ¿Cómo hacemos nosotros para interesar a
los médicos que nos atienden, o los que de verdad pueden hacer algo por
nosotros para enfrentar este problema que nos esta afectando y que
efectivamente nos puedan ayudar? Esas serían las preguntas que deberían primero hacerse ellos
mismos y me encantaría que las leyeran y las pensaran, y después nos
respondiera a nosotros como afectados pero, sobre todo que pudieran
ayudarnos, no sólo a entender esta situación, sino a buscarle la solución.
Me encantaría que alguien con ese poder leyera esto para que
supiera que somos muchos los afectados que estamos necesitando esa ayuda.
Por eso, desde la Organización Mexicana para el Conocimiento de los
Efectos Tardíos de la Polio, A. C. (OMCETPAC), y como miembro de ésta,
haré lo posible para seguir difundiendo información sobre este problema, y
ayudando en todo lo que pueda a cualquier afectado que se acerque a
nosotros desde donde quiera que se encuentre. Esa es mi lucha en estos
momentos A lo mejor sólo así somos capaces de entender todos que tenemos
nosotros que enfrentar un nuevo problema, a consecuencia de una enfermedad
que ya creíamos tener superada, a la que nos habíamos adaptado, cada uno
como había podido, contra la que hemos estado luchando toda nuestra vida
por superarla y, cuando al final creíamos que lo habíamos conseguido, que
lo habíamos logrado con éxito, venimos a darnos cuenta de que aún nos
quedan más batallas qué pelear... y además que ganar...
Gracias a todos
por leerme y, un abrazo desde Madrid. Consuelo Ruiz |
Fecha de publicación: 11 de diciembre de 2008.
|
La organización El Síndrome Post-Polio
Testimonios
GRIS |