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Tuve un ataque severo de polio en el verano de 1950, cuando tenía 18 meses de edad. Tras varios años de recuperación me quedaron secuelas serias en la pierna derecha y más leves en la izquierda. Entre los 9 y 13
años me hicieron 4 intervenciones quirúrgicas y me arreglaron lo que
pudieron la pierna derecha, lo cual me permitió desarrollar, a partir de
los 16 años y con la ayuda de un sencillo bastón, una intensa actividad
estudiantil, laboral y social. No tuve problemas hasta que cumplí los 40,
edad en la que comencé a padecer unos fuertes dolores lumbálgicos, cada
vez más agudos, debido a una acentuación de la escoliosis.
A los 44 tuve
que abandonar la actividad laboral que venía desarrollando hasta entonces,
que era interpretar música clásica. Ya no podía subir las escaleras de los
escenarios con la soltura que lo hacía antes, ni podía permanecer en pie
todo el tiempo que a veces requería mi actuación.
Después de esto,
ya en 1993, estuve trabajando como asesor musical en estudios de grabación
(al menos continuaba dentro del mismo ambiente que tanto me
apasiona).
En 1995 sufrí
una caída rompiéndome el menisco y el ligamento cruzado anterior de la
rodilla izquierda, la que tenía más sana. Me operaron y al cabo de varios
meses de rehabilitación pude volver a andar pero con mayores
dificultades.
A partir de este
instante fui a peor teniendo que empezar a utilizar una silla de ruedas
para no recargar la pierna izquierda operada. La derecha, cuya rótula me
rompí en otra caída en 1996, no me sirve para apoyarme.
La inactividad
ha hecho que gane bastante peso y ahora también tengo afectados los
hombros y el cuello, con frecuentes tendinitis. Necesito rehabilitación
constante para aliviar las contracturas y las inflamaciones.
También tuve que
dejar el trabajo anterior y comencé a escribir guiones para un programa de
radio relacionado con música clásica. En la actualidad ya ni eso puedo
hacer porque la postura delante de un ordenador durante un tiempo que
exceda de 20 minutos se hace insoportable para mi espalda. Incluso me
produce mareos.
Por si esto
fuera poco, hace un año tuve una seria neumonía y ahora necesito
medicación de por vida para poder respirar adecuadamente. Cada vez que
cojo un simple resfriado se me inflaman los bronquios y lo paso muy mal.
Ahora mismo
estoy a la espera de solucionar mi situación laboral, o bien mediante una
jubilación anticipada, o pasando por un tribunal médico para que me den
una incapacidad laboral permanente, espero que
absoluta.
Sobre mis
conocimientos acerca del SPP os diré que fue en el año 1996 cuando tuve
por primera vez noticia de la existencia de éste. Unos años antes, en
1993, compré mi primer ordenador y para el año de mi descubrimiento ya era
un "experto" navegador por la red de Internet. En aquel tiempo aquello era
algo excepcional por lo escaso de las personas que en España teníamos
ordenador y nos dedicábamos a las incursiones por la red.
Creo que fue
usando el buscador Altavista cuando se me ocurrió escribir la palabra
"polio". Di a la tecla INTRO y después de un buen rato (entonces no había
ADSL ni fibra óptica) apareció un tremendo listado, casi todo en inglés,
de direcciones que contenían dicha palabra.
En muchas de
aquellas direcciones encontré un término, para mi desconocido, que me
llamó poderosamente la atención: PPS (Post Polio Syndrome). Inmediatamente
me puse a leer y no daba crédito a lo que iba averiguando. El clímax fue
encontrar la dirección del LincolnShire Post-polio Network con su inmensa
base de datos sobre el SPP.
Pasé muchos
ratos libres durante muchos días empapándome de aquella información y
empecé a preguntarme cómo nunca nadie me había hablado del dichoso
síndrome.
Enseguida supuse
que la respuesta era esta: “Porque en España nadie sabía nada sobre ello”.
Pero más tarde descubrí que sí había algunos especialistas que sabían muy
bien de qué se trataba, pero que nada decían.
Pasó un largo
tiempo en el que nunca nadie mencionó el asunto, excepto yo mismo a mi
médico de cabecera y al traumatólogo, hasta que un día de 1998 la
fisioterapeuta de ADISFIM (Asociación de Disminuidos Físicos de Móstoles)
a la que pertenezco me preguntó a bocajarro: "Jesús, tú que padeces
poliomielitis ¿has oído hablar sobre el síndrome postpoliomielítico?" Di
un respingo en la silla y dije: "Por fin alguien pronuncia ese término".
Me dijo que una
doctora amiga suya se lo había comentado pero en forma muy confidencial.
Yo la expliqué detalladamente todo lo que he escrito más arriba, y en días
sucesivos fuimos pergeñando la idea de crear un grupo dentro de la
asociación con todos los afectados de polio para explicarles lo que
fuésemos averiguando.
Así, nosotros
dos, con la ayuda del trabajador social de la Asociación, fuimos recabando
toda la información posible, traduciendo algunos artículos y lo fuimos
dando a conocer, primero a nuestros socios, luego a la prensa y en
entrevistas en emisoras de radio locales, para más tarde llegar a la
prensa nacional.
Nuestro teléfono
comenzó a sonar con frecuencia pidiéndonos información y en los locales de
ADISFIM nos llegamos a reunir cada 15 días varias decenas de personas
afectadas de polio.
Cada uno de
nosotros se convirtió en una especie de misionero que iba difundiendo lo
que íbamos averiguando sobre el SPP, allá donde nos encontrásemos con un
posible afectado o familiar de afectado, poniendo notas en los tablones de
anuncios de los centros de salud, hablando con nuestros doctores de
cabecera y especialistas, concertando reuniones con traumatólogos y
neurólogos de los mejores hospitales, etc.
Más tarde
tuvimos la inmensa suerte de encontrarnos con la doctora Ana Águilas,
catedrática de la Universidad Rey Juan Carlos e infatigable investigadora
sobre el SPP, en su vertiente rehabilitadora, con quien organizamos una
conferencia en Madrid, junto con Marimar, la fisoterapeuta de ADISFIM, que
tuvo bastante éxito de asistencia y repercusión en la difusión de
información sobre el SPP.
De ese primer
grupo surgieron las dos asociaciones que ahora hay en Madrid, y de las
llamadas que recibimos desde Barcelona tras publicarse esta información en
el periódico La Vanguardia de aquella ciudad, creo que también hay algún
grupo trabajando allí.
Personalmente me
siento satisfecho de haber aportado mi grano de arena para que en mi país
hoy día sea cada vez más frecuente encontrar a alguien que ya ha oído
hablar sobre el SPP.
Es mucho lo que
queda por hacer y no contamos con la ayuda ni la comprensión debida por
parte de los estamentos oficiales. Esto trae e mi memoria una conversación
con un neurólogo, del Hospital 12 de Octubre de Madrid, en la que este
señor nos dijo que la falta de atención de las autoridades sanitarias se
debe a que como ya no se dan casos de polio en España; los únicos que
sufriremos del SPP somos una especie a extinguir de afectados que aún
sobrevivimos, y que, el dinero que utilizarían en investigar sobre este
síndrome, prefieren utilizarlo en investigar enfermedades emergentes como
el SIDA y el Alzheimer. Yo le dije: "Sintetizando, usted nos viene a decir
que muerto el perro se acabó la rabia", a lo que él contestó
"exactamente".
Por lo que leo
en los comentarios de varios compañeros, algo parecido, si no peor, es lo
que sucede en países de Latinoamérica. Así que lo que consigamos habrá de
ser por nuestro esfuerzo y tesón luchando en contra de la desidia
burocrática de nuestros gobernantes, porque ellos no nos van a dar nada si
no lo reclamamos con insistencia e inteligencia.
Saludos a
todos. Jesús
Zazo |
Fecha de publicación: 31 de mayo de 2005.
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La organización El Síndrome Post-Polio
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