"Vuelve a empezar"
Por

Lourdes Silva

 

Febrero de 2010, Cerritos, California.

 

Porque con una actitud positiva todo lo podemos superar en la vida, aférrate a ella con toda tu energía… y aún sin ella.

 

Lourdes Silva 

 

Mi nombre es Lourdes Silva y nací en Zacatecas México el 8 de Diciembre de 1957. En el tiempo en que yo nací no se aplicaban las vacunas contra la polio hasta los seis meses de nacido. Cuenta mi madre que a los tres meses de edad me dio una fiebre muy alta y notó al cambiarme el pañal que no movía la pierna izquierda.

 

Me llevaron a la ciudad de México y a San Luis Potosí, en donde el diagnostico fue que me había contagiado de Poliomielitis Infantil. Los doctores aseguraron que no podría caminar. Creo que desde entonces ya era inquieta y luchona, pues al año tres meses empecé a caminar, a esta edad fue cuando se me comenzaron a practicar innumerables operaciones (treinta y tres para ser más exacta).

 

Poco después empecé a usar, por orden medica, el tedioso aparato ortopédico que fue parte de mi infancia hasta la edad de siete años. Pasé gran parte de mi niñez y mi juventud en hospitales, asistiendo a fisioterapias con mucho dolor. Cuando estaba recuperándome de una operación ya me estaban preparando la siguiente. Así crecí, viviendo gran parte de mi vida en una cama, con yesos, ayudada con muletas y siempre acompañada por el dolor. Pero aun así, nunca me sentí acomplejada, ¡Yo viví con plenitud cada etapa de mi vida!

 

Aprendí con mis deficiencias físicas a hacer casi de todo; a andar en bicicleta sola, al igual que a nadar, y desde chica me encantaba bailar y, la verdad, no creo hacerlo nada mal. No quería ser diferente a mis hermanos, ni hermanas; soy la numero cinco de ocho hermanos, a los cuales agradezco que nunca me trataron como si tuviese una limitación, es decir nunca me discriminaron. Los tratos especiales que recibía de ellos eran solo los inevitables; nunca me dejaban cargar mi mochila de la escuela, si había que caminar, ellos me mandaban en camión mientras que ellos caminaban.

 

Uno de los recuerdos más trágicos de mi juventud fue cuando, al estar recuperándome de una cirugía, por la que me quejaba de mucho dolor ( lo cual no era frecuente en mí), me dieron de alta sin hacer caso de mis quejas y, a las cuantas semanas, el yeso cambió de color y un olor muy fuerte invadía el cuarto donde me encontraba. Todo esto acompañado de una fiebre muy alta; me tuvieron que llevar al consultorio de un doctor amigo de la familia. Procedieron a quitar el yeso y ¿cuál fue la sorpresa?, que lo habían colocado muy apretado y esto ocasionó que sufriera daños en musculo, arterias y tendones… ¡Estuve a punto de perder mi pierna! El yeso no solo se había comido mi piel, sino que también me hizo un daño irreparable.

 

Ver que me quitaran el yeso y observar mi pierna sin piel y agusanada no fue fácil pero, una vez mas, me decía "esto es parte de mi polio" y trataba de verlo de lo más normal posible, aunque a consecuencia de ese problema, me tuvieron que fijar el tobillo permanentemente.

 

No perdí mi pierna gracias a que una generosa familia supo de mi caso y sintieron compasión por lo que me estaba pasando. Los señores José Antonio Serrano Palazuelos y su esposa Mari Tere Serrano Arguelles me acogieron como un miembro más de su familia. Ella me hacía curaciones en la parte afectada tres veces al día para quitar la infección, y después prepararme un injerto de piel

que se me practicó posteriormente.

 

Estuve dos años viviendo con estas grandes personas, ellas no solo solventaron los gastos médicos, sino que me enseñaron lo que es tener calidad humana. Jamás tendré palabras para agradecerles por su incondicional y muy valiosa ayuda.

 

Me casé a los 18 años de edad, con Javier, quien nunca me menospreció, ni me discriminó, y quien me ha hecho sentir que no soy diferente físicamente por haber tenido polio. Él vio en mí valores y capacidades. Terminé mi bachillerato ya estando casada y seguí yendo algún tiempo al colegio, pues tenia planeado ser educadora pero, por cuestiones de salud y situaciones que la vida te presenta, no terminé mi carrera profesional.

 

La vida me prestó a cuatro maravillosos hijos; me hicieron sentir la mujer más saludable y creo, que dentro de mis limitaciones, lo era. Disfruté tanto criar y educar a mis hijos, que me entregue a mi faceta de esposa y madre al 100 por ciento, y qué bueno que lo pude hacer con mucha dedicación, pues en diferentes ocasiones he escuchado a mis hijos decir que ellos nunca me vieron como a una "mamá con polio", o discapacitada, y eso para mí ha sido mi más grande trofeo. Logré llevar muy bien mi hogar; mi trabajo era cuidar de mi familia siempre con optimismo.

 

Así transcurrió mi vida, hasta que hace como diez años, o un poco más, empecé a sentir mucho cansancio, dolor en todo mi cuerpo, mucha depresión y debilidad acompañada siempre con mucha fatiga. A todo le echaba la culpa; que si una gran caída que tuve mientras trabajaba en un hospital, y estuve varios meses en cama, con fracturas en el tobillo y mano, que si la menopausia, que si el trabajo, la edad, los hijos , los nietos , el esposo, todo… menos mi polio. No sabía lo que realmente me estaba pasando, hasta que…finalmente, me diagnosticaron el SPP (Síndrome Post Polio) el cual yo percibo como una ironía de la vida, pues creí, como todo el mundo cree, que la polio había quedo enterrada en la niñez.

 

Después de no usar zapatos ortopédicos desde que me casé (hace 34 años) y de creerme tan saludable y llena de vida, de creer que mi batalla estaba ganada....

 

Ha sido un gran impacto en mi vida el "Volver a empezar". Es todo un proceso, porque tienes que aprender a pedir ayuda, a decir “no puedo”, a decir “ya me cansé” y, para uno, como sobreviviente de la polio, eso no es nada fácil.

 

No solo me he visto afectada yo como paciente; también han sido afectados moralmente mis hijos, mi esposo y mis seres queridos, a los cuales les he pedido, no solo ayuda física, sino además moral.

 

En una búsqueda desesperada de ayuda, hace un año encontré a este maravilloso grupo de apoyo donde hay personas de gran calidad humana, y en el cual he encontrado el apoyo moral que he seguido necesitado para enfrentarme a esta nueva etapa de mi vida.

 

Durante este tiempo que he estado en el grupo, mi situación física se ha seguido deteriorando inevitablemente, empecé (otra vez) a necesitar ayuda, un aparato en la “pierna polio”, y además un bastón, que para mí ha significado una gran derrota.

 

Con mi cansancio y debilidad por el sobre uso de mi cuerpo me he visto en la necesidad de usar silla de ruedas para recorrer las grandes distancias. Ya con mi silla eléctrica, (la cual necesito todo el tiempo), ahora mi “pierna no polio” se ha visto también afectada y he tenido que empezar a usar aparato en esta pierna.

 

Duermo con unas férulas en las manos, descanso y me pongo en pausa al primer síntoma de dolor, pero ya más tranquila, con más aceptación y sintiéndome menos sola, escuchando día a día el apoyo de mis compañeros de este grupo, los sabios consejos de María Elsa, la ayuda de la hormiguita del grupo, Consuelo Ruiz, la información de Sergio, Fabiola, Chema, las charlas y opiniones tan valiosas de nuestro amigo “el Panadero” y podría seguir con cada uno de los amigos que siento ahora como una familia, porque me han ayudado tanto, que me siento muy afortunada de haber encontrado este apoyo cuando más lo necesitaba en este momento de mi vida.

 

El SPP es solo uno de tantos obstáculos más que la vida me presenta, y que, una vez más, voy a superar con mi alegría por vivir, con mi optimismo y con personas positivas como las de la Organización Mexicana para Conocimiento de los Efectos Tardíos de la Polio, A.C. (OMCETPAC), así como del "Grupo Polio y Efectos Tardíos, México".

 

Gracias, y ¡a sonreírle a la vida!

Lourdes Silva

 

Edición por Sergio Augusto Vistrain.

Publicación: 11 de diciembre de 2008.

Actualización, Febrero de 2010

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