![]() |
|
|
Mi nombre es Lourdes Silva y nací en Zacatecas México el 8 de
Diciembre de 1957. En el tiempo en que yo nací no se aplicaban las vacunas
contra la polio hasta los seis meses de nacido. Cuenta mi madre que a los
tres meses de edad me dio una fiebre muy alta y notó al cambiarme el pañal
que no movía la pierna izquierda. Me llevaron a la ciudad de México y a San Luis Potosí, en donde
el diagnostico fue que me había contagiado de Poliomielitis Infantil. Los
doctores aseguraron que no podría caminar. Creo que desde entonces ya era
inquieta y luchona, pues al año tres meses empecé a caminar, a esta
edad fue cuando se me comenzaron a practicar innumerables operaciones
(treinta y tres para ser más exacta). Poco después empecé a usar, por orden medica, el tedioso
aparato ortopédico que fue parte de mi infancia hasta la edad de siete
años. Pasé gran parte de mi niñez y mi juventud en hospitales, asistiendo
a fisioterapias con mucho dolor. Cuando estaba recuperándome de una
operación ya me estaban preparando la siguiente. Así crecí, viviendo gran
parte de mi vida en una cama, con yesos, ayudada con muletas y siempre
acompañada por el dolor. Pero aun así, nunca me sentí acomplejada, ¡Yo
viví con plenitud cada etapa de mi vida! Aprendí con mis deficiencias físicas a hacer casi de todo; a
andar en bicicleta sola, al igual que a nadar, y desde chica me encantaba
bailar y, la verdad, no creo hacerlo nada mal. No quería ser diferente a
mis hermanos, ni hermanas; soy la numero cinco de ocho hermanos, a los
cuales agradezco que nunca me trataron como si tuviese una limitación, es
decir nunca me discriminaron. Los tratos especiales que recibía de ellos
eran solo los inevitables; nunca me dejaban cargar mi mochila de la
escuela, si había que caminar, ellos me mandaban en camión mientras que
ellos caminaban. Uno de los recuerdos más trágicos de mi juventud fue cuando, al
estar recuperándome de una cirugía, por la que me quejaba de mucho dolor (
lo cual no era frecuente en mí), me dieron de alta sin hacer caso de mis
quejas y, a las cuantas semanas, el yeso cambió de color y un olor muy
fuerte invadía el cuarto donde me encontraba. Todo esto acompañado de una
fiebre muy alta; me tuvieron que llevar al consultorio de un doctor amigo
de la familia. Procedieron a quitar el yeso y ¿cuál fue la sorpresa?, que
lo habían colocado muy apretado y esto ocasionó que sufriera daños en
musculo, arterias y tendones… ¡Estuve a punto de perder mi pierna! El yeso
no solo se había comido mi piel, sino que también me hizo un daño
irreparable. Ver que me quitaran el yeso y observar mi pierna sin piel
y agusanada no fue fácil pero, una vez mas, me decía "esto es parte de mi
polio" y trataba de verlo de lo más normal posible, aunque a consecuencia
de ese problema, me tuvieron que fijar el tobillo
permanentemente. No perdí mi pierna gracias a que una generosa familia supo de
mi caso y sintieron compasión por lo que me estaba pasando. Los señores
José Antonio Serrano Palazuelos y su esposa Mari Tere Serrano Arguelles me
acogieron como un miembro más de su familia. Ella me hacía curaciones en
la parte afectada tres veces al día para quitar la infección, y después
prepararme un injerto de piel que se me practicó posteriormente. Estuve dos años viviendo con estas grandes personas, ellas no
solo solventaron los gastos médicos, sino que me enseñaron lo
que es tener calidad humana. Jamás tendré palabras para agradecerles por
su incondicional y muy valiosa ayuda. Me casé a los 18 años de edad, con Javier, quien nunca me
menospreció, ni me discriminó, y quien me ha hecho sentir que no soy
diferente físicamente por haber tenido polio. Él vio en mí valores y
capacidades. Terminé mi bachillerato ya estando casada y seguí yendo
algún tiempo al colegio, pues tenia planeado ser educadora pero, por
cuestiones de salud y situaciones que la vida te presenta, no terminé mi
carrera profesional. La vida me prestó a cuatro maravillosos hijos; me hicieron
sentir la mujer más saludable y creo, que dentro de mis limitaciones, lo
era. Disfruté tanto criar y educar a mis hijos, que me entregue a mi
faceta de esposa y madre al 100 por ciento, y qué bueno que lo pude hacer
con mucha dedicación, pues en diferentes ocasiones he escuchado a mis
hijos decir que ellos nunca me vieron como a una "mamá con polio", o
discapacitada, y eso para mí ha sido mi más grande trofeo. Logré llevar
muy bien mi hogar; mi trabajo era cuidar de mi familia siempre con
optimismo. Así transcurrió mi vida, hasta que hace como diez años, o un
poco más, empecé a sentir mucho cansancio, dolor en todo mi cuerpo, mucha
depresión y debilidad acompañada siempre con mucha fatiga. A todo le
echaba la culpa; que si una gran caída que tuve mientras trabajaba en un
hospital, y estuve varios meses en cama, con fracturas en el tobillo y
mano, que si la menopausia, que si el trabajo, la edad, los hijos , los
nietos , el esposo, todo… menos mi polio. No sabía lo que realmente
me estaba pasando, hasta que…finalmente, me diagnosticaron el SPP
(Síndrome Post Polio) el cual yo percibo como una ironía de la vida, pues
creí, como todo el mundo cree, que la polio había quedo enterrada en la
niñez. Después de no usar zapatos ortopédicos desde que me casé (hace
34 años) y de creerme tan saludable y llena de vida, de creer que mi
batalla estaba ganada.... Ha sido un gran impacto en mi vida el "Volver a empezar". Es
todo un proceso, porque tienes que aprender a pedir ayuda, a decir “no
puedo”, a decir “ya me cansé” y, para uno, como sobreviviente de la polio,
eso no es nada fácil. No solo me he visto afectada yo como paciente; también han sido
afectados moralmente mis hijos, mi esposo y mis seres queridos, a los
cuales les he pedido, no solo ayuda física, sino además
moral. En una búsqueda desesperada de ayuda, hace un año encontré a
este maravilloso grupo de apoyo donde hay personas de gran calidad humana,
y en el cual he encontrado el apoyo moral que he seguido necesitado para
enfrentarme a esta nueva etapa de mi vida. Durante este tiempo que he estado en el grupo, mi situación
física se ha seguido deteriorando inevitablemente, empecé (otra vez) a
necesitar ayuda, un aparato en la “pierna polio”, y además un bastón, que
para mí ha significado una gran derrota. Con mi cansancio y debilidad por el sobre uso de mi cuerpo me
he visto en la necesidad de usar silla de ruedas para recorrer las grandes
distancias. Ya con mi silla eléctrica, (la cual necesito todo el tiempo),
ahora mi “pierna no polio” se ha visto también afectada y he tenido que
empezar a usar aparato en esta pierna. Duermo con unas férulas en las manos, descanso y me pongo en
pausa al primer síntoma de dolor, pero ya más tranquila, con más
aceptación y sintiéndome menos sola, escuchando día a día el apoyo de
mis compañeros de este grupo, los sabios consejos de María Elsa, la ayuda
de la hormiguita del grupo, Consuelo Ruiz, la información de Sergio,
Fabiola, Chema, las charlas y opiniones tan valiosas de nuestro amigo “el
Panadero” y podría seguir con cada uno de los amigos que siento ahora como
una familia, porque me han ayudado tanto, que me siento muy afortunada de
haber encontrado este apoyo cuando más lo necesitaba en este momento de mi
vida. El SPP es solo uno de tantos obstáculos más que la vida me
presenta, y que, una vez más, voy a superar con mi alegría por vivir, con
mi optimismo y con personas positivas como las de la Organización
Mexicana para Conocimiento de los Efectos Tardíos de la Polio,
A.C. (OMCETPAC), así como del "Grupo Polio y Efectos Tardíos, México".
Gracias, y ¡a sonreírle a la vida! Lourdes Silva |
Edición por Sergio Augusto Vistrain.
Publicación: 11 de diciembre de 2008.
Actualización, Febrero de 2010
|
La organización El Síndrome Post-Polio
Testimonios
GRIS |