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Aprendí a convivir con
la polio desde muy pequeñita y casi estaban olvidados, al menos como una
parte dura y condicionante de mi historia, los recuerdos relativos a los
no pocos pasos por los quirófanos, la rehabilitación intensiva, yesos,
limitaciones etc., etc. etc. Por todo, y a pesar de todo, y con la
invalorable actitud de mi contexto afectivo, muy especialmente de mis
padres que rescato siempre y tengo muy presente, conseguí construir una
vida rica en experiencias y emociones, muchas positivas y otras no
tanto. Nací y viví hasta hace
casi 4 años en Tucumán, Argentina. Me enfermé de polio en la navidad del
año 1952, teniendo 14 meses de vida. Mi secuela resultó importante pues
involucró gran parte de mi cuerpo y muy particularmente mis dos miembros
inferiores, los cuales quedaron bastante afectados, mientras que los
brazos lograron recuperar una buena parte de su fuerza, aunque algunos
movimientos puntuales nunca los pude hacer. La escoliosis, importante
también, colaboró de un modo fundamental a mis limitaciones. Desde que recuperé la
posibilidad de caminar, lo hice con el apoyo de dos muletas axilares y una
órtesis (soporte), aunque siempre con ciertas dificultades, las cuales se
vivían como más leves, durante la época de mi niñez, adolescencia y
primera juventud. Fui vivenciando
demasiados obstáculos y construyendo mi vida con bastante esfuerzo, mas
con inapreciables gratificaciones; con tristezas, pero también con
alegrías; con carencias, igual que con logros y no pocos excesos y escasos
arrepentimientos. Pude y supe disfrutar; viví con intensidad cosas muy
buenas, y otras no tan buenas. Estudié Psicología y
ejercí como psicóloga clínica durante 25 años en consulta y, durante una
etapa de 10 años, lo hice paralelamente en un hospital estatal de mi
provincia. Mi profesión y mis vínculos afectivos fueron fuentes de
satisfacciones que, entre otras, llenaron y llenan mi vida. En la
actualidad estoy jubilada y vivo en España hace casi 4 años. Desde pequeña he
intentado, casi como una constante, y con resultados fluctuantes, asimilar
las limitaciones, pero siempre con un dejo de rebeldía, mascando una
mezcla de bronca e impotencia. Frente a ello, utilicé una rica variedad de
mecanismos evasivos, pero acá estoy pisando mi realidad tal cual es.
Siento que era y sigue siendo mi intención, y por lo
general lo consigo, ver y sentir el “vaso medio lleno”. Sorpresivamente, hace
3 años descubro azorada que los que sufrimos la polio, tenemos un especie
de “2ª parte”, ¿¿otra vez?? Tenemos que soportar, resolver, asumir una vez
más, realidades indeseadas, conflictivas e impensadas, ahora frente a la
existencia del SPP. No estaba en absoluto
preparada, no tenía ninguna idea de este “simpático síndrome”, que
aparentemente más tarde o más temprano nos visita a la mayoría de quienes
tuvimos polio, con las correspondientes alteraciones físicas y también,
inevitablemente, psicológicas. De un modo muy lento y gradual, quizás desde varios años atrás, vengo notando un aumento de mis dificultades, que hasta hace muy poco atribuía sólo al paso de los años. Desde hace quizás cuatro o cinco años, ya mis síntomas son más elocuentes y se circunscriben específicamente a debilidad muscular de los miembros inferiores; de los superiores tengo algunas dudas, ninguna certeza. La relación de dicha debilidad con fatigabilidad muscular y disminución a la resistencia al esfuerzo, es clara, concretamente, por ejemplo, en mi caminar cada vez más dificultoso. Utilizo silla de ruedas (además del coche), al salir de casa. Al comienzo (hace cinco años) era para trayectos más largos y gradualmente recurro a ella para trayectos cada vez más cortos. Utilizarla es una prueba elocuente de la reducción de mis fuerzas y resistencia, pero no dejo de ver y rescatar como positivo que me permite acceder a sitios o paseos, que jamás los pude hacer “ni en mis mejores épocas”. Siempre tuve intolerancia al frío, pero hace unos años la noto sensiblemente acentuada y no encuentro modo de combatirla de un modo medianamente exitoso. Muy esporádicamente siento dolores articulares y musculares, pero de leve intensidad y por ende tolerables. También percibo de forma muy esporádica y en diferentes lugares, fasciculaciones. Los cambios que ineludiblemente vengo necesitando en lo últimos tiempos mi vida, los vengo asumiendo gradualmente y configuran un proceso. Tuve una primera etapa de total negación, al enterarme de la existencia de este síndrome. Posteriormente fui invadida por un marcado temor por “lo que vendrá” (¿?). Gradualmente, la aceptación y asimilación de esta etapa diferente de mi vida, va haciéndose una realidad más clara. Trato de asumir que, por ser una etapa “diferente”, no tiene por qué ser “peor”, si consigo adaptarme a los cambios que inevitablemente requiere mi vida, que los vengo intentando hacer y sobre todo, si no se resiente mi capacidad de gozar de las tantas cosas buenas que me ofrece la vida. Cómo comenté anteriormente, no he hecho una consulta médica por este tema. Mis tendencias hipocondríacas de siempre, y mi nula atracción por someterme a estudios y más estudios, me tienen por ahora en esta actitud. Eso no quita que en otro momento o ante una necesidad específica, acuda al médico para intentar abocarnos a este tema en concreto. Tampoco me estimula mucho la rehabilitadora que me corresponde; fui a ella, pero por otro tema (autorización de una órtesis nueva) y conversamos un poco. Le hablé del SPP y en síntesis ella me dijo que “no piense tanto” y que lo que yo puedo estar sintiendo “tiene que ver con la edad”. Siento que voy asimilando y acomodándome a esta nueva etapa de mi vida. Como me ha ocurrido tantas veces, “la vida me quita”, pero “siempre es mucho más lo que me dá”. Estoy en un buen momento de mi vida para enfrentar todo esto y, como siempre, “al pie del cañón”. Que venga lo que tenga que venir. Aunque mis fuerzas físicas decrezcan, las internas, las del ánimo se consolidan y hasta crecen, para “plantarme con la mejor cara” a este nuevo e impensado avatar. Mi relación con todos ustedes, que de un modo u otro compartimos tantas afinidades, me resulta de una importancia invalorable y juega un papel muy importante en mi actual realidad. Por todo y a pesar de todo, lo mejor que me ha ocurrido en esta vida, es justamente eso: tener la oportunidad de vivirla, y no olvidar, ni dejar de valorar, lo generosa que viene siendo conmigo. Los quiero mucho, |
Edición por Sergio Augusto Vistrain.
Fecha de publicación: 18 de octubre de 2005.
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La organización El Síndrome Post-Polio
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