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Nací el 1 de septiembre de 1960 En Tortosa (Baix Ebre), Catalunya
(España). Soy la menor de cinco hermanos, con lo cual os podéis imaginar
que éramos una familia muy entretenida. Con siete meses de vida cogí el virus de la polio. Cuando llegó la
epidemia, mi madre me llevó al médico para que me vacunara, pero éste le
comentó que yo era demasiado pequeña y la vacuna demasiado fuerte. No me
pudieron vacunar, estaría todavía (me imagino) en fase de prueba. No
empecé a caminar hasta los 3 años y medio. Compartir mi testimonio con vosotros es el objetivo, aunque mi vida
no ha sido muy diferente a la de los demás compañeros con secuelas de
polio y con Síndrome Post-Polio (SPP); no tiene, ni más, ni menos
mérito. Tuve la suerte de tener familia en Barcelona y, desde muy pequeña,
íbamos una vez al mes para ser atendida por la vía privada (la cual, como
no era asequible para las familias humildes, representaba un gran
sacrificio para muchos padres). Recuerdo que, aparte de me hacían algún
masaje, fue en donde me pusieron el primer bitutor que siempre he llevado
en la pierna izquierda. A partir de los 10 años me empezaron a practicar cirugía correctora
(u ortopédica). En 16 meses me hicieron cinco intervenciones, con las
consecuencias que conllevaron; pérdida de cursos académicos, de juegos de
infancia con los amigos, separación de la familia durante los ingresos
hospitalarios, etc. Parte de la infancia y adolescencia la viví
recuperándome de las operaciones. Con las operaciones, la principal finalidad era poder dejar el
aparato ortopédico pero fue imposible (bajo mi frustación, por supuesto)
¿Quién no soñó cuando era pequeñ@ poder llevar unos zapatos bonitos? Mi
ilusión se frustró cuando finalmente me dijeron que no podría andar nunca
sin él. Tuve que decir adiós a mis zapatos tan anhelados...
De mayor, con 34 años, me fracturé el fémur de la pierna afectada
por la polio, con lo que me tuvieron que intervenir dos veces. Y puesto
que la osteoporosis ya era muy avanzada de la cintura para abajo, me costó
muchísimo recuperarme del todo puesto que la unión del hueso no empezó
sino hasta los 3 meses, con lo cual comportó casi una eternidad la
calcificación en esa zona fracturada. Al poco tiempo de lo sucedido,
empezaron mis lumbalgias. Aún así, también crecí e hice lo que llamamos "vida normal".
Estudié con buenas notas (dependía de becas), disfruté mucho de la vida y
de mis amigos, como cualquier joven llen@ de vitalidad y, en según qué
momentos, con mucha (o poca) energía. Mi vida profesional fue un tanto polifacética; me inicié en el
mundo laboral en una industria química pura y dura, empecé trabajando a
turnos (incluido el de noche) como otro más. Dos años y medio más tarde,
en la misma empresa, me seleccionaron para su laboratorio de investigación
en el cual empecé a pasármelo bien con mi trabajo, me había convertido en
una "química loca". Al cabo de unos años trabajé como autónoma
(conjuntamente con otra socia) de un taller de artesanía: cerámica,
restauración de mosaico artístico y esmalte sobre metal. Había hecho
también algunos cursos de Bellas Artes y, me apasionaba este mundo. Y...
mis últimos 18 años laborales los di hasta hace poco a una multinacional,
trabajando como Técnico de I+D en el laboratorio de su Centro de
Investigación en donde hubo momentos en los cuales disfruté mucho con mi
trabajo. Mi vida tampoco ha sido fácil, ya que también he tenido muchos
momentos duros y difíciles pero otros muchos muy satisfactorios.
Desde pequeña fui a la guardería, hasta la edad de entrar en el
"cole" (en donde empecé por parvulitos, claro). Pero la primera
discriminación la sufrí en el parvulario de ese colegio, en donde me
pegaban y pellizcaban niñ@s mayores que yo, supongo que sería el "patito
feo" de la clase. Unos meses después me cambiaron de colegio y ya todo fue
mucho mejor. Aún así nunca me libré del todo de las burlas e insultos por
parte de otros niños (muy crueles por supuesto), principalmente por la
calle. Pero era fuerte y vivaz y nunca me faltaron amig@s a mi alrededor,
jugando con ellos a casi todo. Desde muy pequeña, mi madre me introdujo en
el mundo de la civilización (como lo llaman muchos aunque no todos estamos
de acuerdo), nadie mejor podría hacerme tan fuerte para poder afrontar la
vida que me deparaba el futuro todavía incierto, fue mi gran soporte, una
persona espectacular a quien debo todo lo que
soy. Durante gran parte de mi vida he estado vinculada a otros
discapacitados o con alguna que otra asociación... He vivido la
discriminación de las personas con discapacidad con la suficiente
intensidad en diferentes facetas (laboral, social...), compartiéndola con
otros "compañeros de viaje". Pero cuando el mundo se te abre a tus pies
puedes estar dispuesto para vivir otros tipos de discriminaciones, de
injusticias que te depara la vida. No sólo la discapacidad es la causa
sino que hay otras. El mundo está lleno de clasismos, prejuicios,
hipocresías y demás... Diferencias que toca afrontar cuando te introduces
de lleno en la sociedad, estés de acuerdo, o no. Sin duda alguna, estas
experiencias nos han hecho muy fuertes a la gran mayoría. Nos han curtido
de por vida. Al cabo de muchos años, por segunda vez nos golpea la polio bajo la
denominación de SPP, esa polio que ya la teníamos en el "baúl de los
recuerdos". Cuando ya desde muy pequeña había aprendido a vivir con sus
secuelas (prácticamente desde que nací), cuando había superado casi todas
sus limitaciones, cuando había prosperado y evolucionado, (lo estaba
haciendo bien)..., se presentó esta nueva situación.
Los últimos años fueron indescriptibles. Yo lo achacaba todo al
estrés laboral (que también lo había y mucho), pero no todo era estrés.
Era ya mucho dolor, contracturas musculares continuas, dolor muy agudo en
las lumbares, agotamiento desmesurado... Simplemente "no podía más".
Cuando me diagnosticaron el SPP no sabía ni lo que era. Acto seguido, por
supuesto, me informé y me sorprendió enormemente cómo me identificaba casi
al 100% con aquellas dolencias, con todos aquellos
síntomas... Nuevas secuelas: Los miembros hipotéticamente
sanos se deterioran y el deterioro en los afectados se agudiza. Aumentan
gradualmente los dolores, la debilidad muscular, los problemas
osteoarticulares, el cansancio, etc. hasta que llegó un momento en el que
ya no puedes más. El dolor era cada vez más inaguantable y el cansancio y
la debilidad muscular se iban incrementando hasta el límite del
agotamiento. Hay también una decadencia a nivel emocional muy importante
en esos momentos. Yo diría que hay una última fase en la que todo se acelera. Te
tomas más fármacos... pero vuelve "todo" otra vez hasta que ya no hay
treguas. Empecé con una baja laboral de once meses y terminé con la
incapacidad. Mi vida se truncó en un momento en el cual todavía tenía
expectativas personales y profesionales. Se rompió todo en poco tiempo.
Por suerte en el ámbito personal creo que, de momento, lo estoy
canalizando bastante bien. Ahora estoy en esta nueva etapa en la cual todos nosotros tenemos
en común la incertidumbre de nuestro futuro. Nos preguntamos si alguien
nos parará "esto" antes de que nos deterioremos más, antes de que sea
demasiado tarde, antes de que nos volvamos
vegetales. Mientras tanto, intentamos "sobrevivir", que, en definitiva es lo
que hemos hecho siempre. La mayoría somos víctimas de la negligencia del sistema de aquella
época. Hay muchas personas de nuestro colectivo que nunca han tenido ni la
posibilidad de poder ponerse de pie como cualquier otro bípedo y mirar de
frente al resto de la humanidad. Otros tantos ni tan siquiera han formado parte del resto de la
sociedad, ya que apenas han salido de casa (ni han tenido, por tanto,
contacto con el mundo exterior). No han podido tener formación, porque ni
tan siquiera han sido integrados como personas. Son los grandes
merecedores porque el sistema, la sociedad (quien sea...) quizás les deba
la vida que no han podido vivir... No sólo han sido víctimas de la polio,
también lo han sido de la propia sociedad, de algunos hospitales, del
sistema... incluso, en algunos casos, de la propia
familia. Esperemos que, si queda ética e integridad en nuestro sistema
sanitario, se interese lo antes posible por nosotros, por lo menos para
mejorar nuestra calidad de vida, aunque supuestamente seamos una "especie
en vías de extinción". Supuestamente, digo, porque tengo mis discrepancias
al respecto puesto que, desgraciadamente, en varios países continúa
habiendo negligencia en cuanto a la erradicación del virus causante de la
enfermedad. Un caluroso abrazo a todos. |
Edición por Sergio Augusto Vistrain.
Publicación: 07 de febrero de 2011.
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La organización El Síndrome Post-Polio
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