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A
la totalidad de las personas encuestadas se les preguntó si, a consecuencia de
la poliomielitis, han debido utilizar los aparatos ortopédicos o apoyos
funcionales listados en la tabla 3.
Las
opciones de respuesta, como ahí se puede leer, eran: “Nunca”, “En el pasado sí,
actualmente no”, “Desde siempre” y “Antes no, ahora sí” (columnas coloreadas en
tonos rosas).
Cabe mencionar que la lista está separada en dos secciones, la primera de las cuales se refiere a los aparatos o apoyos funcionales, valga la redundancia, más “aparatosos”, como lo son los bastones, las sillas, muletas, las ortesis o y las andaderas, es decir los que necesariamente denotan la presencia de una nueva discapacidad relacionada con la movilidad. La segunda sección, por su parte, incluye elementos tales como plantilla o zapato especial, corsé, cabestrillo u otro aparato o apoyo.
La tabla está
ordenada, en cada sección, según el porcentaje de personas que seleccionaron la
opción “Antes no, ahora sí”, por ser ésta la que refleja la situación
actual de los pacientes, esto es, la que más interesa en este trabajo de
investigación. Por cierto que, a quienes seleccionaron esta última opción, se
les preguntó además “¿Desde hace cuantos años lo usan?”. Las respuestas a
esta última pregunta aparecen en la columna a la extrema derecha (coloreada en
tonos verdes).
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Tabla 3 (leer nota 1). |
Mediana** | |
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Lo primero que sobresale en esta tabla es que, para prácticamente todos los aparatos ortopédicos o apoyos funcionales, la opción "Nunca" es a la que corresponden la mayoría de las respuestas, lo cual, a primera vista, debiera ser motivo de alegría, pues significa que, pese a los estragos que suele ocasionar la poliomielitis, una alta proporción de estos pacientes han podido llevar una vida casi “normal”; sin aparatos, ni apoyos. No obstante, al centrar la atención sobre la columna que corresponde a la opción de respuesta “Antes no, ahora sí”, la que refleja la actualidad, la cosas como que toman otro cariz.
En
dicha columna puede observarse que, de la primera lista, el apoyo funcional que
aparece como el que más personas antes no usaban, y
ahora sí, es el bastón (24%), seguido por la silla de ruedas manual
(23%), las muletas canadienses (18%) y la silla de ruedas eléctrica o el
scooter (17%). Los que ocupan los últimos lugares en esta categoría son las
muletas axilares (9%) y la andadera (3%). En cuanto a los aparatos ortopédicos
el primer lugar lo ocupa la ortesis larga (10%), seguida por la ortesis corta
(7%), y la ortesis de cadera (2%). La
segunda lista, por su parte, es encabezada por la plantilla especial (12%),
el zapato especial (6%) y el corsé (2%), aunque hay antes otros aparatos o
apoyos no especificados (7%).
De la primera lista llama mucho la atención la proporción de personas que antes no, y ahora sí, usan la silla de ruedas, ya sea manual o eléctrica. Proporción que a primera vista podría parecer baja, pero que, no obstante, refleja un hecho por sí mismo sumamente lastimoso; el hecho de que cierto número de personas afectadas por la polio, ha debido sentarse en una silla de ruedas apenas unos 4 años atrás, lo que significa que, si su edad fluctúa alrededor de los 53 años, han tenido que hacerlo alrededor de los 49; una edad a la que la generalidad de la gente es altamente productiva, dada la fuerza que normalmente aún tienen y la gran experiencia que a esa edad han acumulado.
Ahora bien, como algunas personas podrían usar más de uno de los aparatos ortopédicos o apoyos funcionales arriba listados, ya sea en distintos momentos, o para diferentes situaciones, estos porcentajes no son sumables entre sí (al 24% del bastón no se puede sumar el 23% de la silla de ruedas manual, por ejemplo), por lo que se procedió a calcular el porcentaje “no duplicado”, de personas que antes no, y ahora sí, usan al menos uno de éstos, sin importar cuáles, o cuántos.
En la figura 8 podemos observar que el porcentaje “no duplicado” de personas afectadas por la polio que antes no, y ahora sí, usan al menos uno de los aparatos o apoyos de la primera lista de la tabla 3 (bastones, sillas de ruedas, muletas, ortesis o andaderas ), es realmente desolador, pues refleja que dos de cada tres (67%) de estas personas tienen hoy, para su desplazamiento, dificultades que antes no tenían.

Es cierto que el deterioro normal asociado a la edad, por sí sólo, suele provocar en las personas alguna discapacidad, es decir, la necesidad de hacer uso de esos aparatos ortopédicos o apoyos funcionales que antes no usaban, por lo que parece pertinente comparar esta cifra (el 67%) contra resultados censales relativos a la totalidad de la población.
Para
tal efecto, los datos más a la mano son los del Censo de Población y Vivienda
2010, recientemente publicados por el INEGI (ver figura 9) en los que puede
verse que, en el segmento de 30 a 79 años (al que corresponde la totalidad de
nuestra muestra), el porcentaje de personas con discapacidad motriz (no
necesariamente nueva) es de apenas 4% Þ. Cifra
ésta que, como es obvio, es ampliamente superada por la que aquí nos ocupa,
lo que quiere decir que la población de personas que padecieron la polio
actualmente suele tener una discapacidad, que antes no tenía, la
cual supera porcentualmente, por mucho, a la que existe
en la totalidad de la población, dentro del mismo rango de
edad.

Por
otro lado, la figura 10 nos presenta el porcentaje “no duplicado” de
personas afectadas por la polio que antes no, y ahora sí, deben usar éspecíficamente
silla de ruedas manual y/o silla de ruedas eléctrica, y/o
scooter.
El
32%, que nos arroja dicho cálculo significa que una de cada tres personas que
padecieron la polio ha sufrido en los últimos años un deterioro
tal, que le ha obligado a desplazarse sobre ruedas.

Sobra decir que aún esta cifra Þ, que es menor a la anterior, es también muy superior a la que arroja el censo del INEGI, por lo que, en resumen, este ejercicio estadístico comparativo claramente revela que, en términos de la movilidad, el deterioro entre las personas que padecieron la polio es significativamente superior al que se da en la totalidad de la población.
** En estadística, la "Mediana" representa el valor que corresponde al caso que se encuentra a la mitad de la distribución, una vez que todos los casos de la muestra han sido ordenados de menor a mayor. Se utiliza en lugar del "Promedio" cuando la dispersión de los casos es demasiado grande.
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La organización El Síndrome Post-ºPolio
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