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Si
bien ha sido fundamental para lograr la total erradicación de la poliomielitis
en casi todos de los países del mundo, entre las desventajas de la vacuna oral
contra (VPO), la desarrollada por el Dr. Sabin, se cuenta el hecho de que “virus
de la vacuna puede mutar, y en casos muy raros se ha revertido hacia una
neurovirulencia suficiente para causar poliomielitis paralítica en los
receptores y sus contactos”, reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS)
[1].
Por
otro lado, “la poliomielitis paralítica originada por la vacuna es
indistinguible de la polio causada por el virus silvestre; tiene un
comportamiento idéntico en su periodo de incubación, en su rango de gravedad y
en su tasa de mortalidad” [2].
Así
que, si la polio fue producida por el virus vacunal o por el virus silvestre, la
enfermedad es exactamente igual, así como sus secuelas.
Aún con esa información en mente, se preguntó a los encuestados si, antes de haber enfermado de poliomielitis, habían recibido la vacuna contra esta enfermedad.
Los
resultados de esa pregunta nos dicen que la mayoría (72%) de las personas
afectadas por la polio reportaron no haber recibido previamente la vacuna,
mientras que otras (20%) dijeron que sí la habían recibido. Una pequeña minoría
(8%) no conoce el dato (ver figura 11).

Ahora bien, de las personas que reportaron haber sido vacunadas contra la polio, antes de contraerla (n=65), el 73% sabían el número dosis que habían recibido (ver figura 12).

El 65% de esos casos (los que sí conocían el número) reportaron haber recibido una dosis de la vacuna contra la polio; 25%, dos; 8%, tres y; 2%, cinco (ver figura 13), lo cual denota claramente que, mientras mayor es el número recibido de dosis, menor es la proporción de casos que han padecido la enfermedad.
Lo que sería muy difícil de precisar, sobre todo en los casos que habían recibido sólo una dosis, es si la poliomielitis fue “post-vacunal”, es decir, debida a la vacuna, o si fue por un virus que llegó al paciente a través de algo que ingirió y que estaba contaminado con éste pues, como lo advierte el propio laboratorio que fabrica la vacuna “POLIO SABIN (oral)”, “hay que tener en cuenta que la vacuna podría no prevenir ni modificar la enfermedad en los individuos ya infectados por un virus de la polio de tipo silvestre.” (ver http://www.mufel.net/plm/prods/38067.htm).
Como quiera, aunque ni lejanamente aspiramos a validarla, o a invalidarla, nos parece más que acertada la recomendación de la OMS en el sentido de aplicar tres dosis de la vacuna [3]. No obstante, con base en estos resultados, si en nuestras manos estuviera, tal vez no dudaríamos en recomendar más de 5, con la esperanza de llegar al 0%.
Lo que sí sabemos, a partir de la investigación realizada por Ramírez y otros (2006), es que “la incidencia de poliomielitis paralítica causada por la vacuna [VOP] fue de un caso por cada 3.21 millones de dosis aplicadas: un caso por cada 1.39 millones de primeras dosis y un caso por cada 11.38 millones de dosis subsecuentes” [4], lo que seguramente hace que, a los ojos de las autoridades sanitarias, ésta siga siendo aceptable, particularmente por las grandes ventajas que ofrece sobre la vacuna de aplicación intramuscular, elaborada con virus inactivados y desarrollada por el Dr. Salk (VIP), en el control epidémico de la enfermedad, ya que la Sabin “no sólo induce la rápida generación de anticuerpos, sino que también alcanza rápidamente el tracto digestivo, bloqueando así el esparcimiento del virus” entre la población vía heces del individuo vacunado [5].
Pero, como lo
explica la propia OMS, además de ésta, hay otras muchas razones que se han
estado investigando, y por las que el cambio definitivo de la OPV a la IPV, no
es un trivial asunto que sólo involucre cuestiones relativas a lo económico o
a la forma de administración de las vacunas [6],
así que se sigue corriendo el riesgo de nuevos casos de poliomielitis asociados
a la VOP. Un riesgo muy bajo, ciertamente, cuando se miran
fríamente las estadísticas. Pero al mismo tiempo un costo sumamente
elevado cuando se piensa en todo lo que implica sufrir la enfermedad. Claro que
eso sólo lo sabemos y lo comprendemos quienes formamos parte del colectivo
comúnmente denominado “los sobrevivientes de la polio”.
[1] Shibuya & Murray (2004). Chapter 5; Poliomyelitis. The Global Epidemiology of Infectious
Diseases. World Health Organization. p.
134.
[2] Ramírez, Medina, González, Fabela, Argüello, Martínez y Velazco (2006). Incidencia de poliomielitis paralítica causada por la vacuna: metaanálisis. Medicina Universitaria 2006; 8(31):92-98.
[3] Shibuya & Murray (2004). Op. cit., p. 135.
[4] Ramírez, Medina, González, Fabela, Argüello, Martínez y Velazco (2006). Op. cit.
[5] Shibuya & Murray (2004). Op. cit., p. 134.
[6] World Health Organization (2010). Polio
Global Eradication Initiative; Anual Report, 2009. p.
38.
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Testimonios GRIS |