"De esto se sale siempre. No desesperes y ten confianza"

Por Jesús Zazo

 

Octubre de 2014, España.

 

 

 

Nueve años han pasado desde que escribí mi testimonio, el cual desde esos tiempos está publicado en el sitio web de la OMCETPAC (ver http://www.postpoliomexico.org/TestimonioJesusZazo.html) y, desde entonces a la fecha, han ocurrido muchos cambios en mi vida.

 

De 2005 a 2014.

 

El primero fue en 2006 cuando cambié de domicilio. Antes vivía en la 5ª planta de un edificio con un solo ascensor que, cuando se estropeaba, me dejaba encerrado en casa sin poder bajar, a veces hasta una semana. Ahora vivimos mi esposa y yo en un piso bajo en un pueblo cercano a Madrid. Hace tiempo que, debido a los efectos tardíos de la polio, tengo que desplazarme casi continuamente en silla de ruedas, así que nuestra pequeña casa está bastante adaptada a mis actuales circunstancias. La última adaptación que acabo de realizar ha sido cambiar la bañera, que antes utilizaba como ducha sentado en una silla, por un plato de ducha bien hecho, con suelo antideslizante y con la posibilidad de usarlo en el futuro con una silla de baño con ruedas.

 

Cuando llegué a este pueblo tuve la inmensa fortuna de encontrarme con un Ayuntamiento volcado en suprimir barreras arquitectónicas. A los pocos días de vivir aquí fui al Ayuntamiento a solicitar que hiciesen un rebaje en la acera de mi casa y en la acera de enfrente, para poder cruzar la calle. Me atendió amabilísimamente el concejal correspondiente y me dijo que volviese de nuevo a mi casa porque iba a enviar al jefe de obras para que le explicase in situ lo que yo necesitaba. A la media hora estaba explicándole detalladamente a este señor lo que necesitaba. Tres o cuatro días más tarde pasé todo el día fuera de casa y al volver, ya tarde, encontré que ambos rebajes estaban hechos. No había salido aún de mi asombro, por la rapidez en la ejecución de aquella obra, cuando recibí la llamada telefónica del concejal preguntándome si estaba hecho a mi satisfacción o tenían que hacer alguna otra reforma.

 

En aquellos días estaban edificando un Teatro-Auditorio cerca de mi casa. Pasé por allí y observé que había problemas de accesibilidad. Tomé un cuaderno y fui apuntando todas las carencias de accesibilidad que detecté, y algunas que supuse posibles en el interior. Volví de nuevo a hablar con el concejal exponiéndole la lista de observaciones que había confeccionado. A los pocos días habían adaptado todo lo que antes no lo estaba.

 

Pude jubilarme anticipadamente por discapacidad y al disponer de tanto tiempo libre me ofrecí al Ayuntamiento para crear un coro mixto (voces de mujer y de hombre). Hice una selección entre las personas que se presentaron a la convocatoria y comenzamos los ensayos en un aula de la Escuela de Municipal de Música, en un edificio adosado al Teatro-Auditorio antes citado, que nos cedió el Ayuntamiento. Durante cuatro años participamos en varios conciertos (Navidad, Fin de Curso, etc.) con mucho éxito entre los alumnos y los vecinos.

 

El Ayuntamiento siguió eliminando barreras, labor que aún continua, y al día de hoy tenemos la Plaza de España y todas las calles adyacentes totalmente accesibles, al igual que casi todos los locales cuyas fachadas dan a estos lugares. Se hicieron dos rampas para poder subir a la Iglesia. Otra rampa para poder llegar hasta la piscina municipal. Rebajes en toda la avenida de la Constitución, que es el acceso general al pueblo. Un Centro de Día y de Personas Mayores totalmente adaptado. Ahora, después de las fiestas de octubre, van a hacer accesible toda la acera y alrededores del castillo. Si, tenemos un castillo que data del siglo XV, en cuyos muros anidan cernícalos y cigüeñas. Está en ruinas, pero lo están rehabilitando.

 

En la actualidad dirijo un coro femenino, otro de niños, doy dos clases de alfabetización para adultos, a la que asisten señoras de incluso noventa años, canto en todos los festivales que se realizan en el pueblo, colaboro como secretario de una asociación que reparte alimentos entre varias decenas de familias necesitadas del pueblo. Además, al mes de vivir en nuestra nueva casa, nuestro hijo nos hizo abuelos por primera vez, y… soy feliz.

 

Nuevos trastornos de salud.

 

Mi cuerpo está cada vez más deteriorado, pero aún me quedan años -si Dios quiere- para poder darme a los demás, y eso me hace inmensamente feliz.

 

El único punto negro de estos últimos años es el que os relato ahora:

 

A los pocos años de vivir en este pueblo me detectaron, en un análisis rutinario, un problema en la próstata. Dos años más tarde y tras varios biopsias finalmente dio la cara un cáncer, pero en una fase tan inicial y de un tamaño tan pequeño que lo pudieron atajar con radioterapia. A Dios gracias todos los análisis de control, que me hacen semestralmente, demuestran que el tratamiento fue eficaz.

 

Para celebrarlo mi esposa y yo nos fuimos una semana de viaje a la costa. En el viaje de regreso, durante la parada que hicimos a mitad de camino, un señor quiso ayudarme con la silla manual, pero torpemente me volcó de espaldas dándome un fuerte golpe en la cabeza con una plancha metálica que había detrás. Aún no recuerdo qué pasó durante la hora que estuvimos allí parados. Me dijeron que había estado hablando con las personas que allí estaban, pero sigo sin recordarlo.

 

Dos meses y medio después, estando en la calle con una amiga, perdí el habla y dejé de sentir la mano derecha. En el Hospital me hicieron un TAC y comprobaron que tenía un hematoma subdural crónico bastante grande, consecuencia del fuerte golpe recibido. Quedé ingresado y, a base de cortisona, lograron bajar la inflamación, por lo que no hubo necesidad de hacer un orificio en el cráneo para drenar aquella sangre. Pasada una semana me devolvieron a casa con un tratamiento que me tenía todo el día como un zombie. Así pasé más de medio año, hasta que me fueron retirando el tratamiento.

 

Al poco tiempo de acabar aquel tratamiento, un día, de manera inesperada, me sentí morir. El corazón se me salía del pecho, tenía una tremenda angustia y la tensión estaba por las nubes. De nuevo al Hospital. Me ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) durante tres días. Me realizaron un cateterismo que reveló que las arterias y el corazón estaban sanos. Me revisaron por dentro estómago, colón y “sus adyacentes”, y vieron que, salvo una hernia de hiato enorme, que ya sabía que tenía, todo estaba correcto.

 

De la depresión a la confianza.

 

Tres meses después tuve otro ataque similar al primero. El corazón palpitaba como un caballo desbocado y me ahogaba, Vuelta a urgencias. Y allí finalmente descubrieron que era un tremendo ataque de ansiedad. A partir de ese momento estos ataques fueron recurrentes y al poco tiempo cursaron con insomnio, desembocando finalmente con una depresión aguda. Esto último es lo más horroroso que me ha sucedido en toda mi vida.

 

Uno de los “efectos secundarios” habituales de la depresión es la poca comprensión de muchas de las personas que te rodean. No es por falta de buena voluntad, sino por culpa de su ignorancia (igual que le sucedió al señor que me “ayudó” con la silla de ruedas). Dicen que en los hospitales y en los cementerios hay muchos ejemplos de esa buena voluntad.

 

Estar en una situación en la que has perdido toda esperanza, toda alegría, todo deseo de vivir, en la que se te aposenta una especie de nube negra en la cabeza y no tienes ganas más que de esconderte en un rincón para llorar sin saber el porqué, y que además de eso tengas que escuchar a las personas “bienintencionadas” decirte suavemente, con “cariño” y tratando de animarte, que eso son tonterías que se te han metido en la cabeza, que tienes que echarle más coraje a la vida, que si sigues en esa situación y no sales de ella es porque no quieres, etc., etc., produce el efecto contrario del que pretenden estas gentes.

 

Los medicamentos que me recetó el doctor de medicina general no dieron los resultados esperados, sino que empeoraron mi estado. Finalmente yo mismo solicité que me enviasen al psiquiatra porque no podía soportar aquella situación por más tiempo.

 

Tuve la fortuna de dar con una joven muy encantadora, que me ayudó mucho. Quienes también me ayudaron grandemente fueron dos amigos que han pasado por experiencias similares, y así, hablando con ellos me di cuenta de que no era el único caso en el mundo con esta enfermedad. Gracias a sus consejos, conseguí sentirme poco a poco más aliviado. Ellos me repetían continuamente lo que ahora digo a todo el que está sufriendo una depresión: De esto se sale siempre. No desesperes y ten confianza.

 

Lo peor es encerrarse en uno mismo, aunque no se tengan ganas hay que hablar con otros que hayan pasado por una experiencia similar. Esas conversaciones ayudan mucho. No hay que ocultarlo a quienes de verdad te pueden ayudar, por miedo a que te digan las mismas o parecidas cosas que me decían a mi. Ellos no te van a decir eso, sino que te comprenden y te van a dar esperanza. Haced caso a los que saben y desechad las palabras de los ignorantes.

 

Finalizo esta narración dándole las gracias a mi esposa. Ella soportó todas mis llantinas extemporáneas. Me abrazaba aguantando el chaparrón todo ese tiempo. Lo primero que le dije a la psiquiatra es que me preocupaba contagiarle a mi esposa la depresión. Ese peligro existe. En mi primera consulta, después de atenderme, se quedó a solas con mi esposa para darle instrucciones de cómo tratarme y de cómo tenía que posicionarse ella con respecto a mi enfermedad, para no contagiarse y poder ayudarme.

 

Ya me encuentro mucho mejor, si bien noto como algunos días tengo la tendencia a venirme abajo, especialmente los muy nublados, pero enseguida reacciono positivamente. Ahora que tengo fuerzas no me dejo vencer, y antes de que ese sentimiento profundice y se enraíce lo atajo cantando, recordando cosas agradables, pensando en mis proyectos futuros, llamando y animando a otras personas que están decaídas, leyendo libros que elevan el espíritu.

 

Hoy día llevo una vida bastante activa, a pesar de las limitaciones que me producen los efectos tardíos de la polio. Pero son mucho peores las limitaciones que nos provocan nuestros pensamientos negativos. Me he propuesto ser todo lo feliz de que sea capaz, repartiendo felicidad a mi alrededor. Si no lo habéis experimentado os lo recomiendo. No sabéis lo efectivo que resulta.

 

Un abrazo muy cordial,

Jesús Zazo

Fecha de publicación: 03 de octubre de 2014.

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